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Carlos Barbosa: tranquilidad y amabilidad. Segunda entrega de La Otra Cara de la Copa.

Carlos Barbosa Gonçalves fue un gobernador del estado de Río Grande do Sul de principios de siglo pasado. Él impulsó las obras ferroviarias en la región, y de esa manera fue construyéndose este municipio del sur de Brasil, que fue elevado a esa categoría recién en 1959. Pegado a Garibaldi y muy cerca de Bento Gonçalves (una onda de Shangrilá, Lagomar y Solymar pero con la sierra de por medio), Carlos Barbosa respira trabajo de día y absoluta calma de noche. Solo la trilha gaúcha -una especie de festividad de la zona en la que se come mucho queso y se baila pagode- y los partidos de local de ACBF parecen romper la tranquilidad de esta pequeña localidad.

El Parque de la Estación de Trenes es el epicentro de la ciudad. Allí donde todavía se mantiene una estructura de la vieja estación ferroviaria, hay un local para exposición permanente de artesanos, y se busca por parte de las autoridades del municipio, empezar a darle mayor actividad cultural. En dicho lugar incluso, se realizó el lunes una recepción a la prensa del torneo, con desayuno y obsequios de por medio. Está ubicada sobre la Rúa Guarque de Macedo, una especia de 18 de Julio que cruza casi toda la ciudad. En un radio de 5 cuadras a la redonda uno ya tiene todo lo que refiere a «movimiento». Locales comerciales, bares, restaurantes y el único supermercado de dimensiones importantes que hay, el Santa Clara (por supuesto, sponsor del equipo de futsal).

Hay transporte público, pero casi no se utiliza. También taxis y motoristas de aplicaciones locales. Tomarse uno, para lo que sea -incluso ir de una punta a la otra de la ciudad- no cuesta más de 35 (unos 280 pesos). A menos de dos kilómetros de esa zona céntrica que mencionábamos, siempre por la avenida principal, se ubica el barrio Ponte Seca, ya casi llegando a las afueras de Carlos Barbosa. En ese costadito de la parte urbana, está el gimnasio y centro de eventos, y el hostel-posada que la empresa alquiló para alojarnos estos días.

Como atractivos turísticos, se destaca el Tren del Vino Maria Fumaça, un ferrocarril a vapor que une Bento-Garibaldi y Barbosa, con un ticket algo costoso. El paseo de Tramontina, para conocer por dentro al gigante mundial que nació como una herrería en 1911, y que Clóbis Tramontina (nieto de Valentín, su fundador, y el presidente histórico de ACBF) la sostuvo y expandió a niveles impensados. También hay un hermoso templo católico en el centro de la ciudad, la Iglesia Nuestra Señora Madre de Dios, que luce en su cúpula enormes campanas que suenan dos veces por día.

Carlos Barbosa, limpia, segura, tranquila. De gente amable dispuesta a ayudar en lo que se necesite. Muchas casas sin rejas. Mucha presencia policial, teniendo en cuenta una población relativamente chica (30.000). Hay tres hoteles nada más -el Ibis el más grande-, lo que obligó a la organización a «repartir» las delegaciones en las ciudades aledañas.

A las ocho de la noche cierra todo. O casi todo. Hasta las estaciones de servicio apagan la luz, dando paso a alguna cafetería o bar puntual, que sigue un ratito más. Entre semana, a las diez de la noche no hay prácticamente circulación de vehículos. Recién los viernes y sábados la vida nocturna dice presente con un par de pubs que siguen hasta las 3:00 AM. Show Bar Carlos Barbosa, la única discoteca de la ciudad, ofrece «sentirse en otro mundo» con toques de bandas en vivo y entradas a 20 reales para elas y de 30 para eles.

En definitiva, una ciudad con una característica muy propia, y con una identidad futsalera -por eso es la Capital Nacional del Futsal- que ya le contamos en la anterior entrega. La seguimos.

Desde Carlos Barbosa / Luis Silva

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